Lucía, Cogida en el taller

Lucía estaba contrariada, no llevaba mucho de casada, pero realmente el matrimonio no era lo que ella esperaba, pues si bien su esposo no era un mal tipo, se la pasaba trabajando en la oficina toda la semana hasta muy tarde y era habitual que él hiciera esas escapadas a pescar para “sacarse las tensiones” y éste fin de semana no era la excepción, junto con un reducido grupo de compañeros se había ido el viernes a la tarde y volvía el domingo. Para colmo el auto no andaba bien y era ella la que tenía que gestionar su reparación, lo que contribuía un poco más a su contrariedad. Como ella no recordaba dónde llevaba su esposo Diego a reparar el coche, buscó un taller no muy lejos de casa y decidió entrar.
El taller no era muy grande, y apenas ingresó se percató de las miradas que los tres tipos le dedicaron cuando descendió del coche. Si bien se sintió un poco intimidada decidió adentrarse hasta donde estaba el que parecía ser el dueño del taller.
-¿Qué necesita?- dijo el tipo con cara de libidinoso
-el coche no funciona bien, y quisiera saber si me lo puede revisar- dijo ella
-le reviso lo que usted quiera- dijo el tipo
Escuchó que los otros dos reían por algún comentario de alguno de ellos y se sintió objeto de sus miradas. Le extrañó no sentirse mal por ello, muy por el contrario, hacía mucho que no se sentía objeto de deseo ni siquiera de su esposo. Lo que ella no logró dilucidar era que en su interior le había gustado y hasta excitado un poco saber que aún tenía su cuerpo en orden como para llamarle la atención a los tipos.
-Lucho, cerrame el portón que nos vamos a dedicar a la señorita- gritó el hombre
-cuanto le agradezco- dijo ella inocentemente
-no me agradezca hasta que acabe- dijo el jefe
Las risas volvieron a hacerse escuchar, esta vez menos contenidas y fue allí que ella entendió la doble intención del tipo, pero una vez más y movida por las carencias sexuales a las que la sometía su esposo, se sintió alagada en vez de intimidada. Su excitación creció un poco más.
-muéstreme, quiero ver- El jefe hizo pausa maliciosa y luego señaló el motor del coche.
La imaginación de Lucía se disparó como un cohete, en su mente se proyectaron imágenes de ella levantando su remera y mostrando las tetas mientras los tres tipos aplaudían embobados. 
-déle marcha- ordenó el tipo
Para sorpresa de los presentes, ella eligió encender el motor introduciendo solamente su torso por la ventanilla del coche, dejando su culo a plena vista de los tres tipos. 
-que hermosura- dijo uno de ellos en voz baja
Lucía se estaba excitando demasiado, y por más que lo intentara no podía detenerse, por lo que fingió buscar algo entre los asientos para “regalarles” unos instantes extras de esa vista.
La mano fue suave, se apoyó en una de sus nalgas. Ella rápidamente se incorporó
-creo que se están equivocando- dijo fingiendo un enojo que en realidad no sentía.
-mmm, no creo, me parece que la señorita requiere atención- dijo Lucho
Al instante Lucía se vio rodeada por los tres tipos, ella quiso salir de en medio pero inmediatamente otra mano se posó en su culo.
-chicos, por favor, no es lo que ustedes creen- exclamó ella en voz baja
El jefe le tomó una mano y se la llevó a su verga que ya estaba dura como piedra afuera del sucio pantalón de trabajo. Ella quiso retirar su mano, pero la fuerza que ejerció el tipo fue superior y ella no se resistió demasiado. Inmediatamente surgió en su mente excitada el morbo de ser sometida por tres desconocidos y se sumergió en una excitación desconocida para ella.
Con la otra mano el tipo le indicó que se agachara y ella obedeció sin reticencia y antes de que se diera cuenta se encontraba con la boca llena de la pija de un completo desconocido. Su lengua recorría la verga como si de la golosina mas deliciosa se tratara.
-¡que ganas de chupar pijas que tenías- dijo el tipo
Los dos empleados se quisieron sumar a la acción, pero antes de que extendieran sus manos, el jefe les indicó que permanecieran quietos.
-ella es mía, después si se portan bien les convido un poco- dijo riendo
Los tipos aceptaron la orden y muy a su pesar se quedaron a la espera y sólo observando
Lucía sin tapujos, comenzó a acariciar los testículos del tipo, sin duda que se sentían mas gordos y pesados que los de Diego, y si bien la verga no era mas larga, si era más gruesa y las venas se notaban mucho más, lo que le daba una apariencia más agresiva.
Sintió como el tipo la tomó por la nuca, dominando sus movimientos, lo que hizo que ella se entregara aún más, e introdujo la verga hasta el fondo en su boca.
-¿y con esa boca decís mamá?- dijo el tipo entre risas
Lucía asintió también sonriendo, de pronto se sentía la más puta de todas y lo que es peor le encantó esa sensación.
El tipo la tomó con fuerza de los hombros, ahora la hizo volcarse sobre el capot de su propio coche, sus tetas se apoyaron contra la tapa del motor. 
-¿vos querés verga?, yo te voy a dar- dijo él
Ella giró su rostro hacia él, mientras sentía como el tipo le subía la falda para dejar al descubierto su culo solamente protegido por una diminuta tanga bien metida entre sus nalgas.
-huy que bomboncito me voy a comer- dijo el jefe
El primer contacto fue brusco, la rígida verga hizo una fuerte presión entre sus piernas aún antes que hiciera a un lado su tanga.
-¿esto es lo que querés?- preguntó el tipo
-si- admitió ella cerrando sus ojos por el placer que la estaba inundando
Con violencia y sin ningún tipo de cuidado, el jefe dio un soberbio tirón a la tanga que se rompió fácilmente, cayendo al suelo al igual que cualquier tipo de límite que pudiera llegar a tener Lucía en su mente. La penetración fue rápida y eficaz, pues arrancó un sonoro quejido en ella, mientras su vagina se esforzaba por albergar la gorda pija y sus manos buscaban inútilmente aferrarse a la pintura del coche.
-despacito, me duele, por favor- exclamó ella
-¡que te va a doler!- dijo el jefe mientras sus movimientos se hacían profundos y veloces
Lucía, sometida en un taller, por un desconocido y con dos no menos desconocidos mirando se sintió empujada por una fuerza inmensa al placer del orgasmo, y rápidamente sus quejidos se mezclaron con jadeos poderosos
-si…si…si…así- exclamaba ella totalmente entregada
El tipo embestía febrilmente, y ella recibía esas embestidas acompañando el movimiento con su cuerpo.
-dame esa verga, dámela con todo, hijo de puta- dijo ella totalmente obnubilada por el placer
-¿Así que soy un hijo de puta?, yo te voy a dar- el jefe imprimió aún más fervor a sus ataques.
-si…hijo de puta…si…así- seguía diciendo ella
De pronto Lucía sintió mil estrellas estallar en su interior, el orgasmo la inundó como nunca en su vida, creyó que iba a desfallecer de tanto placer, y su boca abierta completamente no llegaba a expresar las sensaciones a las que era sometida. Solo profundos jadeos y pronunciados quejidos salían de ella.
El tipo la aferró con fuerza de las caderas, y mientras ella acababa escuchó las palabras que nunca pensó en aceptar
-lucho, traeme la vaselina del escritorio- ordenó el jefe, su empleado salió rápidamente a cumplir la orden.
-no, pará, por atrás no- dijo ella con un poco de miedo
-voy a hacer lo que se me ocurra- exclamó con autoridad el jefe
Al principio fue solamente un dedo jugueteando alrededor de su ano, mientras la otra mano la sostenía con fuerza contra el coche por su espalda. El dedo hizo centro en el orificio y dio tres golpecitos suaves. Unos segundos más tarde el mismo dedo retornó a su ano, pero esta vez estaba lubricado y muy fácilmente se coló hacia el interior
-no…por…favor- rogó ella
El tipo no respondió, y continuó penetrándola esta vez un poco más profundo mientras ahora suaves movimientos circulares hacían que el lubricante comenzara a cubrir eficazmente las paredes de su ano. Un dedo más se sumó sin dificultad 
-mirá, justito como dos dedos en el culo- dijo el jefe hacia sus empleados
Lucía se sintió humillada, dominada, presa de esos desconocidos y eso la llenó nuevamente de placer, ya no se resistía y los gemidos volvieron a mezclarse con sus quejas. 
-nunca lo he hecho por a…- no pudo terminar de hablar, la verga del jefe se introdujo violentamente en su culo, y un amargo quejido se escapó de Lucía
-¿nunca te han hecho el culito?- preguntó él
Ella no pudo responder, el placer era supremo, las sensaciones eran increíbles. Una sonora palmada en sus nalgas sumó aún más sensaciones.
-contestame mierda- ordenó él
-no…nunca- alcanzó a expresar lucía 
-movete para mí- dijo él mientras se quedaba inmóvil
Lucía comenzó suavemente a mover sus caderas, pero el placer y el morbo del que era presa le hicieron subir el ritmo de los movimientos.
-así me gusta putita, movete, vamos- ordenó él
-si…si…si…partime…cogeme así- rogaba ella mientras se movía ahora frenéticamente.
Un nuevo orgasmo la hizo cautiva, increíblemente profundo y casi sin pensar su propia mano voló hacia su clítoris para acariciarse mientras su culo recibía un duro castigo. Gritos contenidos y quejidos mezclados con jadeos parecieron salir todos juntos en una sola expresión, dejando a Lucía a punto de desfallecer de placer. 
El tipo se derramó íntegramente adentro de su culo, lo que sumó aún más placer a Lucía mientras lentamente ambos bajaban el ritmo de los movimientos. Extasiada, satisfecha, agotada ella por fin se dejó caer sobre su propio coche.
-gracias- dijo ella solamente
El jefe ni siquiera respondió, se limitó solamente a acomodar sus ropas mientras Lucía se sentaba en el asiento de su coche y lucho abría el portón del taller nuevamente.
Sin pensar ella dio marcha al motor e inmediatamente sacó el coche del taller, no advirtió que los tres la miraban sorprendidos. A las pocas cuadras Lucía advirtió que tendría que volver, pues no habían reparado su coche.
-será mañana- se dijo sonriente mientras ya imaginaba las atenciones que recibiría.

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